Danzonete: Un ritmo en extinción

La música cubana tiene su aristocracia. Entre los hombres el título más alto lo ostentó por mucho tiempo Dámaso Pérez Prado conocido como el Rey del Mambo. Sin embargo, una mujer le ganó la parada al ser llamada Emperatriz del Danzonete. Se trata de la cienfueguera Paulina Álvarez.

Ella fue la primera fémina en incursionar en el danzonete, desde el principio un feudo exclusivo del género masculino. Negra, pobre y con excepcionales condiciones vocales se convirtió en un símbolo del éxito que el esfuerzo y la honradez pueden alcanzar.

Derivado del danzón y el son, el danzonete, que Paulina hizo popular, es un ritmo cantable y bailable. Posee una extensa parte vocal. Fue creado por Aniceto Díaz al componer en Matanzas, en 1929, una pieza titulada Rompiendo la Rutina.

Aunque mantuvo la introducción y la parte del violín correspondiente al danzón, Aniceto otorgó un papel esencial al vocalista. Dicha característica lo diferencia del ritmo que le dio origen.

Aniceto Díaz nació en Matanzas, al igual que Miguel Faílde y Dámaso Pérez Prado (creadores del danzón y el mambo, respectivamente). Comenzó a trabajar en la orquesta del primero hasta que se independizó. Estrenó su primer danzonete en el Casino Español de la capital cubana. Tocaba la flauta y el saxofón.

El danzonete sufrió altibajos durante algún tiempo. Al paso de los años Barbarito Diez se convirtió en una de las figuras principales del danzonete. Su voz suave enamoró los escenarios nacionales e internacionales. El ritmo volvió a ocupar primeros planos en los medios de difusión.

Con la muerte de Barbarito en el 1992, el danzonete desapareció casi por completo. Casi ninguna orquesta lo toca. Nadie lo baila a no ser en espacios dedicados en las festividades tradicionales. Las iniciativas para hacerle recuperar antiguas galas no han dado resultado.