Las parrandas de Remedios

Una vez al año esta ciudad de Cuba es muchas ciudades. Se traslada al Egipto Antiguo y toma la configuración de Tebas o se transforma en París, Londres o la gigantesca Pekín. En ocasiones se le puede ver como dos ciudades al mismo tiempo o una ciudad y una mujer o una leyenda y una flor.

Se llama San Juan de los Remedios y fue la octava villa fundada por los conquistadores españoles. Cada 24 de diciembre sus habitantes la adornan hasta cambiar por completo su imagen. Se trata de las famosas parrandas.

Constituyen una de las tres fiestas más importantes Cuba: junto a las Charangas de Bejucal y los Carnavales de Santiago. Comenzaron a realizarse en 1820. Tuvieron su origen en la iniciativa de un cura que constituyó un destacamento para despertar a los vecinos el día de las Misas de Aguinaldo.

Después alcanzaron la categoría de tradición. En la actualidad dos barrios, San Salvador y El Carmen, disputan por realizar el mejor trabajo de plaza. Para ello escogen una historia o fantasía y la recrean en la piel de personajes, vestuario y escenografía.

Durante todo un año los rivales, en el mayor secreto, preparan la exhibición que habrá de desbancar a sus rivales. Donaciones, trueques, la colaboración de compatriotas que residen en el extranjero. Ningún sacrificio les parece poco a los remedianos para dar lustre a su fiesta.

El 24 en la noche ambos trabajos de plaza salen de sus barrios respectivos hacia la Iglesia Parroquial Mayor, centro del pueblo y territorio neutral. Allí se desata la locura de las carrozas, la música y los fuegos artificiales.

A las cuatro de la mañana del día de Navidad los asistentes se reúnen para escuchar la Misa del Gallo. A la luz de los faroles firman una paz que durará sólo horas. Después cada barrio entona himnos de victoria y regresa a su territorio.

Con los años las parrandas de Remedios se extendieron por 14 pueblos de la región. Constituyen el espectáculo más grande entre las fiestas tradicionales cubanas. No por gusto existe en esa localidad villaclareña un museo dedicado a ellas y el festival recibió en el 2000 el Premio Nacional de Cultura Comunitaria.