La ceiba: árbol sagrado del panteón Yoruba

El panteón yoruba afirma que la ceiba es el hogar de Changó, señor de los truenos y las centellas. Este santo se identifica con la Santa Bárbara de la hagiografía cristiana. Como ella viste de rojo y porta espada.

La identificación entre el árbol y la figura mítica viene del hecho que a la Ceiba no recibe el impacto de los relámpagos, debido a su copa horizontal y a que la lana de sus semillas conduce mal la corriente eléctrica.

No resulta extraño para los cubanos ver racimos de plátanos arrimados al tronco de una ceiba la mañana del 4 de diciembre, día de la festividad de Santa Bárbara. O también se le entregan ofrenda para recibir salud o riquezas. No sólo los yorubas, también otras religiones veneran a la ceiba, entre ellas la abacuá.

Este árbol silvestre  se le halla por todos los campos cubanos, siempre como individuos aislados. Pertenece a la familia de las Bombacáceas. Es uno de las más grandes especies de la flora cubana.

Un célebre intelectual nativo ha comparado la ceiba con un Briareo que, con sus cien brazos en aspa, amenaza eternamente los cielos. Alcanza los 50 metros o más, con un diámetro de 2 metros en el tronco. Típico de los suelos profundos.

Tres hombres no pueden abarcar su tronco. Tiene un color gris. Forma copa horizontal. En la primera parte del tronco posee espinas gruesas, en forma de bultos. Las pierde con la edad.

Al contrario de muchos árboles tropicales registra cambios en el curso de las estaciones. Pierde las hojas en el otoño y las reproduce en la primavera. Alberga muchos parásitos, entre ellos el curujey. Por parte de la fauna es hogar del mayito y los gavilanes.

Antiguamente la lana de la ceiba se utilizaba como relleno para colchones. Del tronco hacían canoas con capacidad para cincuenta personas. Estas embarcaciones eran rápidas y también frágiles, debido a la consistencia poco flexible de su madera.