Santa Bárbara: La fiesta de rojo y oro

Los niños en Cuba se acuestan temprano el 4 de diciembre. La superstición popular registra esa fecha como «el día en que lo ñáñigos salen a buscar sangre». Es el día de Changó y Santa Bárbara. Yoruba el uno, católica la otra.

En verdad los padres cubanos duermen a sus hijos para poder asistir con total libertad a la fiesta de rojo y oro. El nombre viene porque ambas figuras se identifican por sus copiosos mantos rojos y por llevar espada o machete, rayos y torres. Ambas deidades son dueñas de los rayos y las palmas.

Una gran parte de la fama que hoy vive el culto a Santa Bárbara se debe a ¡Qué viva Changó!, un tema que Celina González estrenó en 1948. Celina, considerada en Cuba la reina de la música campesina, oyó una voz en lo alto que le pedía una canción. A cambio los santos le concederían la fama. Celina cumplió su promesa y se convirtió en una sensación de la cultura popular.

Varias ciudades en la Mayor de las Antillas se caracterizan por su culto ferviente de Changó y Santa Bárbara. Entre ellas se cuentan: Palmira (Cienfuegos), Santiago de Cuba y Güines (Provincia Habana). Todas ellas tienen en común la presencia de cabildos africanos.

Para participar en la fiesta de Santa Bárbara los feligreses se visten de rojo. Las personas que visitan la capilla llevan como ofrenda un ramo de flores o algún tipo de objeto para pagar promesas. El punto culminante llega cuando la imagen de la Santa es sacada en andas por los devotos y paseada por el pueblo.
La fecha resulta propicia para organizar los famosos toques de bembé, originarios del continente negro y que combinan la música, el teatro, la danza y las artes plásticas. El panteón africano exige en sus fiestas la presencia de gran cantidad de dulces y carnes exquisitamente preparadas.

Un fenómeno curioso. El 5 de diciembre los palmares del país amanecen repletos de racimos de plátanos. Changó prefiere esas frutas por sobre cualquier alimento. Por esos sus ahijados inundan con ellas los campos de Cuba.