Mambo: Hijo de la promiscuidad cultural

Discutido, celebrado, fuente de litigios entre naciones y estudiosos de la cultura, el mambo hoy se pasea victorioso por los escenarios del mundo. Hay quien lo cree hijo de cubano y mexicana, otros le atribuyen ascendentes jazzísticos en Norteamérica. Los de la Isla grande, entretanto, defienden a capa y espada su pertenencia a la más rancia naturaleza cubana.

Hacia principios de la década de 1940 el habanero Orestes López creó un danzón que llevaba por título Mambo, una locución popular que designa el estado de un objeto en Cuba. “Esa mujer está mambo”, significa mujer hermosa, apetecible. Arcaño y sus maravillas, una orquesta antológica de esos años, lo popularizaría a través del país.

Ya en los cincuenta Dámaso Pérez Prado creó una jazz band a la que integró la percusión afrocubana. Con ella dio a conocer, en 1949, el primer mambo conocido: Qué rico mambo. Ese hecho marcó a Pérez Prado de por vida. Aunque se esforzó por popularizar otros ritmos, tales como el suby y el dengue, jamás conoció un éxito similar.

Integrante de cuanta película mexicana de mitad del siglo pasado, en los últimos tiempos retomado por Lou Bega en su famoso Mambo No. V, este género de la música cubana ha seguido una carrera ascendente. Al contrario que el danzón y el son no salió de las masas populares para luego alcanzar los ambientes artísticos. Sucedió al revés. Nació en los ámbitos profesionales y luego se adentró en el público.

El propio García Márquez afirmó en 1951 que el mambo había puesto el mundo patas arriba. La Iglesia lo condenó públicamente como una invención diabólica. En Asia se limitó su difusión. Uno de los temas de West Side Store se hizo a ritmo de mambo.

Pérez Prado, matancero al igual que Miguel Failde y Aniceto Díaz (creadores del danzón y el danzonete, respectivamente), vivió gran parte de su vida en México. Desde allí lanzó su voz musical al mundo. Por eso no extraña que algunos otorguen paternidad azteca a sus creaciones.

Con el tiempo su figura se hizo popular en los escenarios de otros países. Una vez alguien le preguntó a Benny Moré, otro inmortal de la música cubana: “Quién es el hombre que con el mambo a las mujeres vuelve locas”. El Benny, en un alarde de genio artístico, contestó: “Ese, ese chaparrito con cara de foca. Pérez Prado es el que a las mujeres vuelve locas”. Y el sobrenombre se le quedó, Pérez Prado, el cara e´foca.

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