La bandera cubana de la estrella solitaria

Hacia la primera mitad del siglo XIX el general Narciso López encabezó varias expediciones que tenían como objetivo anexar Cuba a los Estados Unidos de América. En uno de estos intentos, López enarboló una bandera que algunos dicen fue creada por el poeta Miguel de Teurbe Tolón y otros achacan a Gaspar Cisneros Betancourt, conocido como El Lugareño. Se izó por primera vez en la ciudad matancera de Cárdenas en mayo de 1850.

La enseña de López está dividida en tres franjas azules y dos blancas. Las primeras simbolizan las tres regiones en que se hallaba dividida Cuba en aquellos momentos: Occidente, Centro y Oriente. Las franjas blancas significan la pureza de los ideales independentistas.

Durante mucho tiempo los especialistas en heráldica criticaron a Tolón la idea de haber puesto una estrella sobre un triángulo rojo. A lo que el poeta respondía siempre: “Es que la libertad de Cuba deberá levantarse sobre un mar de sangre”.

La historia de la bandera cubana no deja de ser curiosa. Fue otra la enseña que Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, hizo tremolar el 10 de octubre. La bandera de Céspedes se parecía muchísimo a la enseña chilena, una muestra de agradecimiento del patriota bayamés por el apoyo que le prestó la república sudamericana.

Sin embargo, las provincias de Camagüey y Las Villas se habían alzado bajo la bandera de López. En la asamblea de Guáimaro, el 10 de abril de 1869, Antonio Lorda planteó adoptar la izada en Cárdenas como única enseña.

Lorda también realizó la propuesta de pasar el rojo para las listas y el azul para el triángulo, cosa que no trascendió y que posteriormente serviría a los puertorriqueños para crear su propia enseña nacional. La bandera de Céspedes pasó a presidir las sesiones de la Asamblea Constituyente y aún hoy cumple esas funciones.